miércoles, 9 de agosto de 2017

Castrillo de los Polvazares 2017. En el centro de la maragatería

Era la fiesta en Castrillo de los Polvazares, un pueblo de la maragatería que se ha parado en el tiempo. Con sus magníficas casas de arrieros, sus portalones, sus calles empedradas...
Javier Emperador nos invitó a su casa, y allí nos presentamos varias decenas de personas dispuestas a pasarlo estupendamente.
Yo no me vestí de maragata, porque quería verlo desde fuera y sacar fotos.
Eran las fiestas del pueblo, y a los moradores habituales se unieron los que tienen casa para fin de semana, y otros, que como nosotros estábamos invitados a pasar una jornada de baile, cantos y hermandad, amén de los habituales turistas que van a recorrer sus calles.
Comenzó el día con el repique alegre de las campanas llamando a todo el mundo a encontrarse alrededor de la iglesia para iniciar la procesión.
Las mujeres del pueblo sacaron a la Virgen en andas.
Levantando el pendón.
El pendón del pueblo iniciaba la comitiva, le seguían los hombres con el músico que amenizó toda la procesión, la Virgen, resto de las mujeres, curas y otras autoridades y por fin, los visitantes que no íbamos vestidos con ropa tradicional.
Vuelta a la iglesia, la misa, y después de ella, en una ermita que hay en el centro del pueblo y hoy reconvertida en edificio de usos múltiples, el ayuntamiento nos obsequió con un pinchoteo.
Embutidos de todo tipo, vino y refrescos, dieron fuerzas a los presentes para iniciar un baile a las puertas de la ermita que duró hasta la hora de comer.
Allí pude disfrutar de los detalles de los trajes, sacar fotos y hasta bailar alguna jota y corrido maragato.
La riqueza del traje maragato nunca me deja de impresionar. Los cinturones de los hombres es una pieza especial que tiene infinidad de bordados, y que afortunadamente se han conservado a lo largo del tiempo.
Las mujeres con sus mantones de todo tipo: los isabelinos, de ala de mosca, de mil colores, de ocho puntas..., de todos ellos puede disfrutar en esta fiesta.
Con sus cerras revoloteando al son de la dulzaina y el tamboril, porque si algo tienen los maragatos y maragatas es que son unos estupendos bailarines, y que han conservado sus tradiciones, sus trajes, sus casas de una forma envidiable.
Los mandiles de las maragatas son también un punto y aparte. Los negros con abalorios y puntillas, que se ven también en otras zonas eran muy bonitos, pero haré especial hincapié en aquellos que llevan bordados con todas las flores que se les puedan ocurrir, y que las manos de las maragatas de antaño plasmaban sobre la tela, acompañándolas, en muchos casos de las iniciales de la dueña.
Esperemos que el futuro esté garantizado, con estas nuevas generaciones, que se apuntan a vestirse como sus tatarabuelos, que mostraban orgullosas ropas de hace mas de un siglo.
Las cintas maragatos, con sus frases tegidas en la tela, y más o menos adornadas, se asomaban por debajo de los mantones.
No me quiero olvidar de la indumentaria masculina.
Una envidia, sana o no, me me recorría, a la vez que disfrutaba de esas maravillas, y daba las gracias a todos aquellos que se han molestado a lo largo de los años, en conservar estas  piezas, para que podamos verlas ahora.
Espero que les haya gustado este pequeño recorrido por las fiestas de Castrillo de los Polvazares, y el traje maragato.


viernes, 21 de julio de 2017

Vestido juvenil 1900-1910

Tenía la ilusión de que este año mi hija me acompañara a Ribadeo, pero no pudo ser. No le gusta esto de la recreación, y yo lo respeto. Quisiera que las cosas fueran de otra forma, pero no lo son.
Le había hecho un vestido muy juvenil, en colores claritos, muy veraniego.
Miré muchas láminas, revistas, vestidos de museos, y no era fácil porque hay muchísimos modelos de adultas, pero bastante menos dedicados a esa edad indefinida en que ya no son niñas, pero todavía no son totalmente adultas.
. Así que cogiendo una cosa de aquí y otra de allá, el resultado final es el que ven.
 
Lo hice más cortito, para que llegara por los tobillos, como correspondería a una jovencita a punto de entrar en el mundo de los adultos.
Y como ella dijo que no, y como no son frecuentes las ocasiones para poner estos trajes, y me podía pasar como ya me ha sucedido con otros, que están años en el armario...
Me tiré a la piscina y lo estrené.
Para los entendidos, verán que es un conjunto no muy adecuado a mi edad, pero como la mayoría de los presentes en el " Fin de semana Indiano" de Ribadeo, no llegan a estos matices, pues me atreví.
Hasta en el último momento M Sol debió darle unas puntadas, pues al no vivir este año mi hija conmigo, había hecho el traje un poco a ojo, por mis medidas, ya que nos aproximamos mucho.
Y lo que había dejado para ultimar cuando ella volviera en verano, pues no lo acabé al decirme que no nos acompañaría.
Por todo esto la cintura y el cuello, estaban sin rematar.
Gracias a las buenas manos, buenas artes, y buena voluntad de Mª Sol, le dió unas puntadas para salir del paso.
Viendo modelos como el de arriba, le puse 7 u ocho filas de volantes. Decenas de metros de puntilla repartidos entre los de la falda y los de la blusa.
Complementado con un canotier, una sombrilla que restauré quitando la tela antigua que era oscura y estaba muy deteriorada.
los hay con volantes pequeñitos y que llegan hasta la cintura. Me parecía excesivo




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