sábado, 28 de enero de 2017

El chocolate a la taza como bebida victoriana I

Mi propósito en esta entrada es revindicar el chocolate como acto social, alimento, bebida, y muchas otras cosas en la sociedad victoriana española.
Mi idea es hacer una trilogía, o dicho más modestamente, y más real, tres entradas, con aspectos diferentes.
Si bien es cierto que nos hemos dejado ganar por el te, como símbolo victoriano, en detrimento de nuestro chocolate a la taza, trataré de darles motivos para volver a nuestras mejores tradiciones.
No pretende ser una lección de historia de como, quien, en que momento, etc vino el chocolate y se quedó con nosotros, pues en internet encontrarán todo tipo de explicaciones.
Solo pretendo darles algunos datos y curiosidades, anécdotas del uso, y algunas imágenes.
 Fueron los españoles del s. XVI los que trajeron el cacao a España, y de aquí a toda Europa.
En Mejico se tomaba con chile, y era una mezcla amarga y picante, que no gustaba a los españoles, pero nuestros antepasados introdujeron dos novedades respecto a como se tomaba allí, le añadían azúcar y lo calentaban.
Desde los puertos de Andalucía se llevaba a la corte, donde se tomaba como bebida caliente.
En distintos libros de viajes de europeos por España, hablan del chocolate diciendo que es para los españoles lo que el te para los ingleses. Se convirtió en un símbolo nacional.
Al principio España tenía el monopolio de la importación del cacao, y de aquí pasó a la corte francesa, por la relación entre los reinantes en ambos países ( Cuando la princesa Ana de España, se casó con Luis XIII de Francia), y también a Italia a través de los conventos.
Fue muy curiosa la duda que existió en el s. XVII, de si tomando chocolate se rompía o no el ayuno que practicaban muchos creyentes, y sobre todo en las órdenes religiosas, se concluyó que no la rompía si era líquido y no se acompañaba de huevos o leche. Esto lo rubricaron dos papas.
Muchos médicos lo recomendaban para quitar el dolor de cabeza, el constipado o el dolor de muelas.
Se extendió el uso del chocolate al pueblo llano, y mientras en la corte lo tomaban en finas tazas de porcelana, el pueblo lo hacía en tazas o cuencos de barro vidriado.
Se tomaba al desayuno, complementando el almuerzo, para obsequiar a las visitas, como refresco, en público y en privado.
En 1828 aparece una nueva técnica para conseguir el chocolate sólido, en tabletas o bombones. Viene del norte de Europa.
En 1870 se fabrica el primer chocolate con leche en polvo.
En el siglo XIX aparecen máquinas que facilitan el proceso de tratamiento del cacao, se hace más barato el proceso y se extiende su consumo.
A finales del s. XVIII aparecen las chocolaterías, donde los burgueses se reunen a tomar chocolate a la taza. Llegan a su máximo esplendor a mediados del s. XIX.
En cada lugar de España se acompañaba de cosas diferentes. En Madrid de churros, en Valencia de
buñuelos y porras, en el norte de picatostes, en Barcelona de soletillas.
El chocolate considerado como reconfortante, digestivo y estimulante, en el s. XIX compitió con el café, que tardó más en introducirse en España, que en otros lugares debido a lo profundamente arraigado que estaba el chocolate.
Abajo, cuadro de Raimundo Madrazo, La Chocolatada.







sábado, 14 de enero de 2017

Indumentaria del pueblo: saya

Siguiendo la entrada anterior, y completando el "fondo de armario" de ropa del pueblo, de las clases bajas, hoy pongo una saya ligera.
Para hacerla usé una tela actual, lo más parecido que encontré a "la bayeta", término que aparece en los testamentos de los siglos XVIII y XIX, y que se adaptaba bastante bien a lo que yo quería.
Al igual que en la pieza anterior he tenido que teñirla, pues partía de un azul claro, muy poco adecuado para una prenda de mucho trote.
Y lo mismo que me sucedió con la camisa, fueron tres veces las que metí la tela en el tinte intentando se homogeneizara el color lo máximo posible, y cubriera a todas las partes por igual.
La copié de una que me prestaron, pero en este tipo de prendas las variaciones son pocas. 
La foto superior, y las inferiores son de la saya prestada. Copiada también de otra antigua y hecha a partir de una colcha vieja teñida. Esta tiene más "cuerpo" que la mía.
(Vista interior y exterior de la cintura en la saya que me dejaron)
Bastante vuelo, tablas a la cintura pequeñas y numerosas, y alguna pestaña o jareta,  que además de hacer de adorno a la saya dan más amplitud en el bajo, mas vuelo.
Le puse una cinta de terciopelo negra de adorno. Como quería que fuera de terciopelo de algodón, y sin fibra, teñí un trozo que tenía en casa de color amarillo claro, con tinte negro. Lo cosí a mano por debajo de las jaretas.
La saya que me prestaron tenía más jaretas que la que yo hice, pero por la largura de mi tela, no me atreví a hacer más, porque temía me quedara corta. 
La largura de estas prendas es variable, desde el tobillo a una cuarta del  mismo, pero no más arriba.
La abertura va rematada con un bies de algodón. esta abertura se coloca adelante y queda tapada con el mandil.
Tablas pequeñas, rematadas en la parte superior con una cinta fuerte y bastante larga para darle si se quiere, más de una vuelta a la cintura y sujetarla bien, así como para las lazadas.
Rematada en el bajo con una tela, que en mi caso y aprovechando restos, es la misma de la blusa de la entrada anterior. Un algodón con pequeñas rayas, teñido.
Mi saya es de color verde botella, aunque estoy viendo que en las distintas fotos varia el color. Y puede confundirse también con la prestada que es en un verde algo más seco, pero la textura de las telas es muy diferente.












lunes, 2 de enero de 2017

Ropa Tradicional de montaña. Javier Emperador

Para comenzar el año les mostraré las fotos de una representación que hicimos poco antes de Navidad convocados, dirigidos, animados y todo lo que se les ocurra, por Javier Emperador, alma de esta representación.
Aunque el fin que yo pretendo es que vean ropa tradicional de montaña leonesa, pero que bien se puede extender a otras zonas, y que tal vez les pueda servir de inspiración para aquellos recreadores que asisten a eventos con ropa de este tipo.
Es lo que a mi me sucede cuando vamos a batallas napoleónicas, en las que evidentemente los protagonistas son los soldados y los mandos, pero en las que nosotras encajamos como aguadoras, o personal de a pie, del pueblo, que a veces se unía y seguía a los ejercitos.
En la representación se pasaba por cantos de ronda, boda, ramo de novia, jotas y otros bailes. Era mucho más que una exposición de las danzas típicas de una zona, ya que también los deportes tuvieron un sitio y fue una de las cosas que más gustó a los asistentes con la "lucha leonesa" en el escenario.
Javier cuidó mucho todo lo relacionado con la indumentaria, desde el calzado, donde algunos salíamos con madreñas o galochas, albarcas y otros, hasta la joyería de las mujeres.
Nada se le escapó a sus minuciosos repasos de cada uno de los presentes.
Si se fijan, las sayas de las mujeres, en paños, estameñas y bayetas, fundamentalmente, son de colores oscuros, sufridos, para el trote diario. Largas, cercanas a los tobillos, y como mucho una cuarta por encima de ellos en alguien alto. En las bajitas, mas vale tirar hacia el tobillo, que hacia la rodilla.
No tan largas como las de las señoras de las clases altas, que en esos momentos eran hasta el suelo, pues llevarlas un poco más cortas facilitaba el movimiento, que no se mancharan de tierra o barro, y su amplitud les daba libertad para las faenas cotidianas que eran muy numerosas en una mujer de campo.
Es en el torso donde los colores fuertes toman posesión de los tejidos, y los pañuelos se tornan floridos, estampados, y todos los colores del arcoiris se pueden ver en ellos.
Los pañuelos de hombros en este caso son de palma o mil colores. 
Al busto camisas con justillos, o chambras.
Pañuelos de cabeza atados arriba, más o menos adelantado el nudo, pero sobre la frente, no a media cabeza, ( me refiero al borde del pañuelo), como se ve frecuentemente en algunas mujeres actuales que tratan de recrear. 
La inmensa mayoría de las fotos son de "Regionales Rosa", que amablemente nos las cedió a todos los participantes, ya que al estar muy oscuro, las que sacaron el resto de la gente quedaron bastante mal.
Los mandiles son amplios, cubren toda la delantera, y largos. La mayoría en algodones. Por sencillos que sean muchos de ellos tienen algún adorno.
Pueden ver diversos calzados y medias, y si amplían algunas de las fotos, se aprecian las faltriqueras, que son bolsillos externos, que en el lado derecho, servían para guardar algunas cosas, y en los que las mujeres volcaban sus habilidades costuriles o bordadoras.





jueves, 29 de diciembre de 2016

Indumentaria del pueblo: Blusa finales del XIX.

Necesitaba hacerme ropa básica, lo que se llama de "fondo de armario", para recreaciones en las que en vez de ir de "estupenda", bien sea napoleónica, crinolina, fin de siglo...etc, fuese de gente del pueblo, de clase baja.
Es cierto que tengo sayas de estameña y otras cosas, pero son muy pesadas, y algunas demasiado centradas en un territorio concreto.
Quería algo más ligero, que se pudiera encuadrar en cualquier zona, y un poco también, en cualquier época.
Busqué ropa básica: una saya que igual se puede encuadrar en zona de montaña que en valle, de principios o de finales del s. XIX, y a partir de ahí la parte superior de la indumentaria, que varía algo más según la década, podía variarla con diferentes cosas que tengo.
Me dejaron ropa antigua para una representación, y copié algunas cosas.
Pretendía darle un aspecto antiguo, usado.
Soy fan de las series inglesas. No me gustan las series de televisión españolas en las que sus actores salen con ropa que parece de estreno, recién salidas de la tintorería y la plancha.
Por eso busqué telas, o viejas, o actuales paro sin fibras sintéticas.
Para la blusa usé una sábana de algodón vieja, que teñí en color granate, aunque quedó más clara de lo que yo pensaba.
Tuve que hacer varios tintes, ya que en el primer intento no quedó homogéneo, y después en los sucesivos, pretendía que tomara más color.
Me dejaron para copiar una antigua, y muy zurcida. A partir de ella hice la mía. con una estructura muy similar.
En este caso era una prenda de finales del s. XIX o principios del XX, pues las mangas jamón o "pata de cordero", así lo atestiguan.
También es cierto, que las modas en las clases bajas llegaban algo más tarde, y se mantenían más tiempo, porque su acceso a las corrientes innovadoras en la indumentaria era más lenta, son más conservadoras, y mantienen más tiempo los prototipos.
Al ser una camisa de labor, era cómoda, sin ajustar demasiado, y sin ballenas o estructura encorsetada.
Algo más larga por el delantero que por la espalda. Era la forma de solventar no llevar pinzas en el pecho.
La espalda de una pieza, sin cortes, ni pinzas. 
Delantero con canesú de tablitas que dan el vuelo necesario para el pecho.
El cuello de la antigua lleva corchetes para poner algo, que no sabemos que era, así que yo lo resolví con una pequeña y discreta puntilla.
Al igual que en la antigua le puse unos pequeños botones, con la tela de esta zona, con las rallas en horizontal, en vez de en vertical, que es como va el resto de la blusa.
Armarla es muy sencillo. partí, para la espalda de un patrón normal del Burda, de mi talla, y el resto fue un poco a ojo.
Me gusta como ha quedado, muy cómoda, fresca, y con aspecto usado y vieja.















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